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Un par de fotos

Fue hace sólo tres semanas, pero parece que ha pasado mucho más tiempo. Aquí les dejamos una imagen de la presentación de la editorial en la sede del Instituto Cervantes de Madrid, el 6 de junio de 2007:

Presentación editorial en Madrid

De izquierda a derecha, José Manuel Sánchez Ron (de la Real Academia Española), Julio Casal González (Editor), Miguel Ángel Quintanilla (Secretario de Estado de Investigación y Universidades) y Ramón Núñez Centella (Director de los Museos Científicos Coruñeses y autor del libro “Esta es mi gente”).

Feria de Libro de Madrid

Ese mismo día por la tarde nuestra editorial “debutaba” con éxito en la Feria del Libro de Madrid.

Prueba superada

Dentro de unos días pondré aquí en el blog fotos de la presentación en Madrid del libro de Moncho, pero hasta entonces pueden hacer algo de tiempo viendo lo que cuenta Lynx o leyendo la crónica de Xornal.com y La Voz de Galicia.

Aprovecho para agradecer la amable acogida que nos han dispensado en el diario Libro de notas y en diversos blogs, como el d’O levantador de minas, os pelachos y Occam. Dejo para el final -last, but not least- la bitácora de Efervescencia, el (magnífico) programa que trae unos minutos de ciencia cada mañana de domingo a la Radio Galega.

Audio: “Esta es mi gente”

 Newton y su síntesis [10:05m]: Play Now | Descarga el MP3

Inauguramos el podcast de Le Pourquoi-Pas? con un capítulo de “Esta es mi gente” leído por su autor, Ramón Núñez Centella.

¿Por qué no?

Desde niño, Jean-Baptiste Charcot sentía verdadera pasión por los grandes barcos. Estaba fascinado por la navegación, por las travesías marítimas que aún en aquel tiempo, la segunda mitad del siglo XIX, hacían más preciso y completo el conocimiento de nuestro planeta. El mar era un mundo ajeno a su familia; su padre, Jean-Martin Charcot, era un notable médico que se erigió en uno de los fundadores de la neurología moderna. Pero la falta de tradición familiar no impedía que cuando le preguntaban a Jean-Baptiste qué quería ser de mayor él respondiese sistemáticamente la misma palabra: marino. Y cuando alguien le hacía notar las dificultades que entrañaba su deseo, él añadía un rotundo “Pourquoi-pas?”. ¿Por qué no?

Con veintiséis años, en 1893, el mismo en que murió su padre, Jean-Baptiste Charcot mandó construir su primer gran barco, al que puso por nombre Pourquoi-pas?. Dos años después lo vendió para hacerse con uno mayor, una goleta de veintiséis metros llamada Pourquoi-pas? II; entre una fecha y otra concluyó sus estudios de medicina y se casó con Jeanne, hija de Victor Hugo. El Pourquoi-pas? III llegó en 1897, y con él remontó el Nilo hasta Asuán acompañado por el millonario Vanderbilt. Con otra goleta, Le Français, organizó la primera expedición francesa que pasó un invierno completo en la Antártida. En esos meses realizaron detalladas cartas de navegación, exploraron cientos de kilómetros de costa y recogieron infinidad de notas y muestras. Emprendieron viaje de vuelta en marzo de 1905, el mismo mes durante el cual Albert Einstein concluyó su artículo sobre el efecto fotoeléctrico, el primero de aquel annus mirabilis.

Jean-Baptiste puso entonces todo su empeño en la construcción de un buque de exploración polar, de más de cuarenta metros de eslora y equipado con varios laboratorios y una biblioteca. Al cabo de cinco años, el Pourquoi- pas? IV era una realidad. Acabó siendo el primer barco escuela de la marina francesa, a bordo del cual completó numerosas expediciones científicas en el Atlántico Norte y el Mediterráneo. Cuando la edad le impidió estar al mando del barco, siguió en activo como jefe de las misiones científicas, desempeñando un notable trabajo en Groenlandia. A su regreso de una de ellas, en 1936, una terrible tormenta provocó el naufragio del Pourquoi-pas? IV. Jean-Baptiste Charcot murió allí donde había vivido: en el mar.

La contestación de un niño, “Pourquoi-pas?”, condensa en unas pocas palabras la voluntad de emprender caminos inexplorados, el esfuerzo para superar las dificultades y la satisfacción de comprobar que “se puede hacer”. El mismo espíritu inconformista y valiente que a lo largo de la historia han demostrado los hombres y mujeres de ciencia para plantearse preguntas y respuestas que ayudaron a entender mejor el mundo en que vivimos. Un espíritu que también es necesario para contar la ciencia, para hacer partícipes de ella a todos los ciudadanos desde una mirada cómplice y cercana.

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